DORIAN
Sacó algo de su bolsillo. Un cuchillo. Pequeño, afilado, que brilló bajo la luz macilenta de la bombilla. La hoja reflejó un destello que pareció burlarse de mi impotencia.
—Empecemos —dijo Donato, saboreando cada sílaba como un manjar.
Vi cómo Valentina cerraba los ojos. Vi cómo su cuerpo se tensaba, preparándose para lo inevitable. Vi cómo una lágrima solitaria resbalaba por su mejilla.
Y entonces hablé.
—Si la tocas —mi voz emergió de lo más profundo, ronca, destrozada, pero cargada d