DORIAN
No tenía idea de que Donato Di Santis tuviese parentesco con los hijos de Falconi. Ese viejo zorro había jugado sus cartas demasiado cerca del pecho. Ahora lo entendía todo: su neutralidad en la guerra, su silencio cuando los demás caían, la forma en que había esperado el momento exacto para atacar.
Pero aún tenía lo que él buscaba. Aún tenía cartas que jugar. Y en Nápoles, mi ejército se estaba reuniendo. Mis hombres, mis leales, mis perros de presa, todos dispuestos a defender mis tier