VALENTINA
Intento levantarme. Lo intento de verdad. Pero antes de que pueda, una mano me agarra del cabello y me levanta a la fuerza. Espero otro golpe, espero la muerte, espero el fin.
Pero no llega.
—¡Basta! —la voz de Enzo Falconi corta el aire como un cuchillo.
El gordo se detiene, jadeando, su ojo único clavado en mí con una furia que promete venganza.
—¡Me sacó el ojo, jefe! —brama el gordo, su voz un alarido de dolor y furia mientras se presiona la cuenca vacía con una mano manchada de s