VALENTINA
Marco está ahí, frente a mí. Su rostro es una máscara de sangre seca y moratones, pero sus ojos grises siguen abiertos, siguen mirándome, siguen siendo mi único faro en este infierno.
Mis lágrimas empezaron a caer y el sollozo se hizo incontrolable. El miedo volvió con fuerza y el pensamiento de una futura realidad aterradora me golpeaba el corazón: moriríamos. Los dos. Aquí. En este taller maldito. Y yo tenía que ser sincera. No podía llevarme eso a la tumba.
—Valentina —la voz de Ma