VALENTINA
Marco sonrió. Esa sonrisa que había aprendido a reconocer en los últimos días, diferente a la mirada alerta del policía. Era una sonrisa que llegaba a sus ojos grises y los suavizaba por dentro, que borraba las líneas de tensión de su rostro y lo transformaba en alguien más.
—Marco —dije, y mi voz tembló en su nombre. Él me miró, atento, sin prisas—. Hay algo que debo decirte. Tú confiaste en mí, me entregaste tus sentimientos con una honestidad que yo nunca había recibido. Pero yo… n