Villa Isabella, Montes Sabinos
Amanecer
El silencio en la biblioteca era tan denso que Elena podía oír su propia sangre.
Dante tenía el arma levantada, pero su mano temblaba la primera vez que Elena lo vio temblar. Enfrente, los dos hombres sonreían con la misma sonrisa, los mismos ojos grises, la misma sangre asesina corriendo por sus venas.
"Baja el arma, hermanito." El mayor Matteo, el hermano perdido, dio un paso adelante con las manos en los bolsillos, despreocupado. "No vinimos a mataros.