Villa Isabella, Montes Sabinos
8:23 a.m.
El sol de la mañana entraba por las ventanas de la biblioteca como si nada hubiera pasado.
Pero todo había pasado.
Elena estaba sentada en el sillón de Salvatore, el trono del monstruo, con una taza de café humeante entre las manos, que no podía beber. Enfrente, Dante tenía la mirada perdida en el retrato de Isabella. Luca estaba en la puerta, vigilando un pasillo vacío. Marco ocupaba una silla junto a la chimenea apagada, con el rostro hundido entre las