Villa Isabella, Montes Sabinos
12:07 a.m.
La luna llena iluminaba el jardín como un reflector de teatro.
Elena sostenía la navaja de su padre, el metal frío contra su palma, el peso de la decisión aplastándole el pecho. Enfrente, Marco esperaba con los brazos abiertos, ofreciéndose como sacrificio.
El pequeño Matteo observaba desde la fuente, sus ojos grises brillando en la penumbra.
"¿Qué esperas?" Marco sonrió. "¿Qué te dé un arma mejor? ¿Qué me pone de rodillas? ¿Qué te pida perdón primero?"