En el momento que la puerta de la oficina se abrió los tres hermanos levantaron sus cabezas de sus móviles, ya habían pasado casi dos horas desde que irrumpieron en la habitación de Nikolai y llenado su cabeza con un nuevo propósito.
Nikolai lucía impecable otra vez, oliendo a colonia, afeitado y vistiendo un pantalón negro, camisa del mismo color con las mangas remangadas hasta los antebrazos y su cabello negro todavía crecido dándole un estilo más salvaje.
Lo primero que hizo fue abrir una