Ploc. Ploc. Ploc.
La sangre goteaba con un ritmo lento y constante sobre el suelo mientras el hombre respiraba con dificultad, apenas consciente. Tenía el rostro irreconocible con un ojo completamente cerrado, la nariz desviada y varios dientes rotos.
—Ya no te quedan uñas —soltó Mikhail dejando caer el alicate.
Nikolai ni siquiera respondió.
Permanecía de pie frente, esperando que su hermano se termine de divertir mientras los cuerpos mutilados de los otros dos estaban tirados en una esqu