La mañana llegó envuelta en una neblina tenue que cubría los jardines de la mansión Romanov. En donde en el patio trasero los hombres de seguridad permanecían formados en líneas perfectas. Maxim observaba en silencio, con las manos cruzadas detrás de la espalda.
Eran treinta, Lev entre ellos con el rostro serio, las manos cruzadas detrás de la espalda y la mirada fija al frente. Aún conservaba una ligera marca violácea bajo el ojo izquierdo
Nadie hablaba.
Nikolai apareció vestido completamen