Una semana después, Alma y Nikolai no habían vuelto a dirigirse la palabra, tampoco habían vuelto a compartir la misma cama.
Aquello no pasaba desapercibido, ni siquiera para Svetlana quien había preguntado par de veces a Nikolai porque no estaba con su mami Alma.
—Este lugar tiene buena iluminación para una ceremonia al atardecer, como la que quieres —dijo Yuri girando sobre sí mismo mientras observa el jardín. —¿Qué opinas?
Alma sonrió.
—Es hermoso.
Frente a ellos se extendía un lago ar