Nikolai permaneció inmóvil frente a la puerta durante varios segundos, con la mano aún apoyada sobre el picaporte. Había regresado poco después de las tres de la madrugada.
El aroma del whisky escocés y del habano todavía impregnaba su camisa negra, aunque el alcohol no había conseguido hacerle olvidar la discusión con Alma.
Empujó una vez más.
Nada.
Estaba cerrada con seguro.
Aquello jamás había ocurrido desde que Alma vivía en la mansión. Exhaló con cansancio.
—Bien, muñeca… —murmuró p