Las gotas de una lluvia ligera resbalaban por el parabrisas de la SUV blindada mientras las escobillas se movían con un ritmo constante, casi hipnótico, Maxim conducía con ambas manos sobre el volante, aunque de vez en cuando levantaba la vista hacia el espejo retrovisor.
Después de lo ocurrido en el jardín durante la madrugada, Alma y Nikolai no habían vuelto a hablarse. Ella seguía viendo una y otra vez aquella escena: el rostro ensangrentado del joven, los golpes brutales, la furia descont