Nikolai la bajó despacio, pero sus manos se mantuvieron en su cintura. Frunció el ceño, , aún con la respiración agitada, y la miró directamente a los ojos.
—¿Tú le creíste? —la pregunta fue pesada al igual que su mirada.
Alma tragó saliva, todavía sensible y desnuda contra la puerta. Su cuerpo temblaba ligeramente por las réplicas del orgasmo, pero su mente ya estaba regresando a la realidad.
—No sé nada del tema —admitió con honestidad—. Tú no me cuentas muchas cosas, Nikolai. No sé qué pu