—¿Cómo conseguiste entrar? —preguntó, Alma con su voz firme tratando—. ¡Eres un enfermo!
Del otro lado de la línea hubo un silencio breve, cargado de diversión. Luego llegó la risa baja, ronca y peligrosamente masculina que se deslizó por su oído con gracia provocando un escalofrío a Alma.
—Eso fue lo primero que pensaste preguntarme —murmuró Nikolai con diversión—. No “¿Por qué me vigilas?” O “¿Cómo conseguiste mi número?”. Interesante, doctora. Muy interesante.
Alma apretó la mandíbula hasta