TOC, TOC…
—Nikolai… ¿Cuánto van a tardar? —la voz de Luciana atravesó la madera desde el pasillo impaciente.
Alma se tensó sobre su regazo. Todavía sentía los dedos de Nikolai dentro de ella aunque estuviera fuera. Se sentía sensible, empapada y esa mujer del otro lado de la puerta solo la incomodaba.
—Dile que se largue —ordenó Alma en voz baja, casi un gruñido furiosa.
Una sonrisa lenta y peligrosa cruzó el rostro de Nikolai:—Luci, cariño.
La doctora lo miró con su ceño fruncido y se pre