—¡Eres un puto cabrón! —le gritó Nikolai con su voz cargada de rabia. Forcejeaba con violencia contra los cuatros hombres que intentaban sujetarlo.
Sangre corría por su ceja abierta hasta su mandíbula, mezclándose con sudor. Sus ojos grises estaban inyectados en sangre, completamente desquiciado.
Mikhail respiraba forzado, pero aún así, levantó su cabeza con una sonrisa fría, sin emoción alguna.
—¿Qué? —escupió sangre al suelo de goma—. ¿Te molesta escuchar la verdad, hermano?
—¡No quiero q