El grito cortó las paredes de piedra como un cuchillo y Catalina se puso de pie de un salto, el corazón latiendo fuerte. —¡Isa!
Corrió a la puerta, golpeando con las palmas. —¡Dejadme salir! ¡Algo va mal!
No respuesta, solo otro grito, más agudo esta vez, y más cerca.
—¡Por favor! —Golpeó la puerta de nuevo, más fuerte. Su palma herida se abrió. Sangre manchó la madera. ¡Alguien ayúdela!
Pasos corrieron por su celda, gritando en español. Más pasos siguieron, luego silencio.
El tipo de silencio