LUCIEN
Los ojos de Lucien se abrieron lentamente. Todo estaba borroso. Techo blanco, luces brillantes y el olor a antiséptico mezclado con sangre.
Intentó moverse, pero no pudo. Tenía las muñecas y los tobillos atados. El pánico estalló caliente e inmediato. Estaba atrapado.
Su respiración se aceleró, el corazón le latía con fuerza. Tiró de las correas, pero resistieron. Las muñecas le ardían, pero siguió tirando de todos modos.
—Tranquilo —dijo una voz femenina con frialdad—. Estás a salvo. Ya no estás allí.
Lucien giró la cabeza y vio a una mujer sentada en una silla junto a la cama. Tenía el cabello oscuro con mechones grises y un rostro que casi reconocía, pero no lograba ubicar. Parecía cansada y preocupada.
—¿Quién eres? —Su voz salió ronca y quebrada, como si hubiera estado gritando.
¿Había estado gritando?
—Me llamo Elena —dijo ella, inclinándose ligeramente hacia adelante—. ¿Sabes dónde estás?
Lucien volvió a mirar alrededor. La habitación era pequeña y limpia, con equipo méd