LUCIEN
Los ojos de Lucien se abrieron lentamente. Todo estaba borroso. Techo blanco, luces brillantes y el olor a antiséptico mezclado con sangre.
Intentó moverse, pero no pudo. Tenía las muñecas y los tobillos atados. El pánico estalló caliente e inmediato. Estaba atrapado.
Su respiración se aceleró, el corazón le latía con fuerza. Tiró de las correas, pero resistieron. Las muñecas le ardían, pero siguió tirando de todos modos.
—Tranquilo —dijo una voz femenina con frialdad—. Estás a salvo. Ya