La arrojaron de vuelta a su celda como si no fuera nada.
Golpeó el suelo fuerte, rodillas raspando la piedra fría. La puerta se cerró detrás y la cerradura chasqueó. Luego nada salvo silencio presionando desde todos lados.
Se quedó en el suelo mucho tiempo, solo respirando. Todo su cuerpo se sentía pesado, como si algo dentro se hubiera abierto en grietas, y no sabía cómo volver a unirlas.
El rostro de Lucien seguía apareciendo en su mente. Los moratones extendiéndose por su piel. La sangre cos