PUNTO DE VISTA DE MATTEO
El teléfono desechable se sentía como una granada activa en mi mano.
Esa mañana había destrozado de nuevo la antigua suite de Isabella, impulsado por el mismo instinto enfermizo que me había mantenido despierto durante días. La habitación ya era un desastre por las búsquedas anteriores: cajones arrancados, colchón destripado, el papel tapiz arrancado en tiras. Pero esta vez algo era diferente. Mis dedos rozaron un panel falso en el cajón inferior del tocador de marfil,