ELISA
No puedo dormir.
Doy vueltas en la cama una y otra vez, con la mente atrapada en un torbellino de pensamientos que no me deja en paz.
La revelación sobre el pasado de nuestras familias pesa sobre mi pecho como una losa de concreto. Saber que mi abuelo fue acusado injustamente de un fraude que benefició a la familia de Alexander me revuelve el estómago. Cada vez que cierro los ojos, veo su rostro—su expresión seria, contenida, como si todo esto no fuera más que un inconveniente que debe ma