Mundo ficciónIniciar sesiónAlexander
La puerta seguía cerrada. Inamovible. Inquebrantable. Como Elisa.
Habían pasado dos días desde que se fue de mi departamento. Dos días desde que la última palabra que me dijo fue “no me sigas”. Y eso hice. Por respeto, por miedo, por cobardía. Tal vez las tres.







