El siseo hidráulico de la puerta de seguridad llenaba el laboratorio, ahogando el sonido de la respiración agitada de Elena. La placa de acero había bajado hasta la altura del pecho.
—¡Espera! —gritó Elena, lanzándose hacia la rendija que desaparecía—. ¡Hay una cinta más!
Carmen, al otro lado del panel de control, mantenía la mano sobre el botón, temblando. Su rostro era una máscara de dolor pétreo, decidida a enterrar el pasado.
—¡La etiqueta dice "La Extracción"! —gritó Elena, desesperada, so