Ploc.
... uno, dos, tres, cuatro...
Ploc.
... cinco, seis, siete, ocho...
Ploc.
El tiempo no se medía en horas. Se medía en gotas de agua condensada que caían desde una tubería oxidada en el techo invisible hasta el charco salobre en el suelo de hormigón.
Rafael Montoya estaba sentado en la oscuridad absoluta, con la espalda apoyada contra una pared que rezumaba humedad fría. Le dolían las costillas. Cada respiración era una pequeña batalla contra la inflamación del cartílago, un recordatorio f