CLANK.
El montacargas se detuvo. Los contrapesos golpearon el fondo del hueco con un sonido sordo que hizo vibrar el suelo de cemento bajo los pies descalzos de Elena.
Rafael empujó a Elena y a Mía detrás de una estantería de archivadores. Él se quedó en el centro del pasillo, con las piernas separadas en posición de tiro, apuntando la Sig Sauer hacia la reja metálica del ascensor.
—Si se abre, disparo —susurró Rafael. Su dedo estaba tenso sobre el gatillo. El sudor le bajaba por la sien.
Esper