El Valle de Arán no les dio la bienvenida. Les dio una bofetada blanca y helada.
El Jeep Wrangler negro, un monstruo de metal con tracción total y suspensión elevada, rugía agónicamente mientras trepaba por la pista forestal invisible, enterrada bajo medio metro de nieve virgen. Las cadenas de acero mordían el hielo con un sonido rítmico y violento.
Clanc-crac. Clanc-crac. Clanc-crac.
Afuera, el mundo había desaparecido.
No había árboles, ni cielo, ni horizonte. Solo había un blanco infinito y