El haz láser de color rubí cortó la neblina blanca como una herida en el aire.
No hubo advertencia. El punto rojo bailó un milisegundo sobre el pecho de Rafael, justo encima del corazón, donde guardaba el anillo de cobre.
—¡Abajo! —gritó Elena, placándolo contra la nieve.
¡ZZZT!
No fue una bala. Fue una ráfaga de munición trazadora de alto calibre. Los proyectiles pasaron silbando por donde había estado la cabeza de Rafael hace una fracción de segundo, impactando contra el contenedor de carga c