La profesora de mi hijo y yo nos despedimos y entonces me giré para volver a donde estaba la limusina aparcada, el chofer abrió la puerta del vehículo para que me sentara marchando de aquel lugar enseguida. Nada más llegar al garaje del edificio donde Mario tiene su empresa, baje del coche acercandome enseguida a la entrada, saludé a la recepcionista y al guardia que había en la puerta vigilando, el cual me acompañó hasta donde se encontraban los ascensores.
—- Que tenga un buen día señora O”Br