Por un momento no supe ni qué hacer ni que decir, solamente Mario estaba enfrente de mí de rodillas con mis manos cogidas por sus manos acariciándome, pero yo estaba muy enfadada, aunque si sabia que me estaba pidiendo perdón, pero los latigazos que me dio con su cinturón en su despacho sin saber el porque, aun me dolían y me quemaba la piel.
—- Keira cariño, deja que te compense lo que te hice antes, te quiero por favor perdóname— me comentó.
—- Si y ¿cómo lo vas a hacer? dime ¿cómo me lo vas