Por la tarde, escuchamos a Lucas entrar corriendo en casa, entrando seguidamente al salón donde estabamos Mario y yo. Vino corriendo hacia mis brazos dándome un sonoro beso y un fuerte abrazo, dirigiéndose después a su padre, que lo cogió levantando a su hijo del suelo como si estuviera haciendo el avión a su hijo. Pocos minutos después se llevó Josefina a Lucas hacia la cocina para darle la merienda, tumbandose mi esposo en el sofá quedándose medio dormido. Pasó una hora y Mario seguía dormido