Al día siguiente me desperté por el olor a café que había en el dormitorio, viendo a Mario sentado al lado de la cama con una bandeja en sus manos mirandome.
—- Buenos días, — escuché lo que me decía.
Abri los ojos viendo que el ya estaba vestido con unos pantalones vaqueros y un jersey de color azul, teniendo el pelo mojado oliendo a un suave y varonil perfume.
—- Buenos días Mario — le dije sonriendo, mientras estiraba mis brazos encima del almohadón
—- Te he traído el desayuno a la cama, por