Cuando llegamos al jardín mi amiga y yo, se empezó a escuchar los rumores de los invitados, celebrando con aplausos mi aparición, viendo a la gente que me miraban con admiración mientras sonreían. Me quedé mirando fijamente a Mario que me estaba esperando en el altar dado que parecía que estaba para mi parecer muy tranquilo como siempre era él, aunque me fije en como su mandíbula estaba tensa y en sus preciosos ojos tenía un brillo que nunca le vi. Al llegar donde estaba Mario, una pequeña mano