Una vez que Ana dejó mi equipaje en el mueble, aunque me alegró que el dormitorio fuera solo para mi, yo lo que deseaba más que nada era ver a Lucas porque era la única razón por la que había aceptado todo aquello y sobre todo aquel ridículo contrato matrimonial.
—-- Señora, el pequeño Lucas está en el dormitorio acostado en la cama ¿desea contarle usted su cuento preferido esta noche? —- me pregunto la mujer, dando un vuelco a mi corazón de alegría.
—- Si, si me da permiso si me gustaría conta