El chofer paró la limusina enfrente del restaurante, fijándome en que el señor O'Brien estaba de pie esperando en la misma puerta del restaurante, con una mano metida en el bolsillo del pantalón. Al pararse el vehículo, él enseguida se acercó a la puerta del vehículo, la abrió ofreciendo su mano para ayudarme a salir. Nada más salir, me pude dar cuenta de cómo me estaba mirando Mario, aunque no fue muy discreta su mirada hacia mi persona, sino más bien algo descarada por el escote de mi vestido