Cuando Reed me dijo que debía mudarme a la casa de invitados de los O”Brien y que Mario quería verme por la noche a solas con él, sentí de pronto una presión en mi estómago, que me hizo tener ganas de vomitar en el mismo restaurante por los nervios. Respire varias veces intentando tomar algo de aire porque sabía que ese ya era el principio de mi destino.
—-- De acuerdo Reed, entonces creo que ya deberíamos irnos, no queremos llegar tarde ¿verdad? el señor O'Brien se podría enfadar —- le dije al