Gemma y yo volvimos a la empresa O”Brien, cuando llegamos ella aparcó tranquilamente su coche en el parking, bajamos del vehículo y dirigiéndonos hacia donde estaban los ascensores subimos para llegar a la planta donde estaba el despacho del CEO. Después de saludar a la secretaria de aquel frío y serio hombre, entramos las dos en el despacho fijándome que el CEO no estaba.
—- No se preocupe señorita, enseguida vendrá mi cliente, ¿le puedo servir algún refresco mientras espera? — me pregunto el