El día avanzaba con una normalidad que Sofía no recordaba haber experimentado en mucho tiempo. La Universidad era un lugar distinto: voces jóvenes, profesores con café en mano, carpetas abiertas en los jardines. A pesar del leve dolor persistente en su cuerpo, se sintió más ligera al pisar aquel espacio donde el apellido Fort no tenía tanto peso.
La reunión académica fue breve y protocolar. Asistió con una actitud atenta, anotando lo justo, respondiendo lo necesario. Pero lo que no esperaba fue