El rostro de Sofia estaba desencajado mientras avanzaba después de aquella conversación con Naven. El silencio en el pasillo era espeso, casi irreal. Las pisadas de Sofía sobre el mármol resonaban con un eco suave mientras avanzaba lentamente, con Doki caminando detrás de ella, como una sombra peluda y fiel. Ares no la había seguido esta vez. Quizás el gato, más sabio que muchos humanos, había sentido que algo se avecinaba. Naven se había encerrado en su despacho y había ordenado que nadie lo m