La mañana había comenzado con calma en la Residencia Fort. El cielo de Madrid estaba cubierto por una fina neblina que suavizaba los colores del jardín, mientras los primeros rayos del sol se colaban tímidamente entre los ventanales. Dentro, el aire olía a café recién hecho y a los dulces que Inés horneaba temprano por costumbre.
Sofía estaba en la sala, acunando a Doki entre sus brazos, mientras Ares dormía plácidamente sobre el respaldo del sofá. Todo parecía tranquilo. Por primera vez en d