El sol comenzaba a esconderse tiñendo el cielo de tonos anaranjados y rosados que se filtraban por los grandes ventanales del departamento. Una brisa cálida se colaba por el balcón abierto, moviendo ligeramente las cortinas como si el atardecer susurrara secretos a través de los hilos de tela. Ares, dormía plácidamente en los brazos de Sofía, quien permanecía sentada en el sofá, inmóvil, como si el tiempo también la hubiera alcanzado a ella.
Su mirada estaba perdida, fija en el horizonte, pero