El cielo de Madrid se cubría con nubes opacas, presagiando tormenta. El aire estaba espeso, como si todo en la ciudad contuviera el aliento, sabiendo que algo estaba a punto de estallar.
Brenda Cortez había regresado a su departamento recién a esa hora después de su visita a la cabaña y ser rechazada por Naven, la mujer había tomado la decisión de amanecer en un bar, pero antes de que se acomode el Portero la llama.
—¿Sí?
—Hay alguien que desea verla —informó la seguridad del edificio.
—¿Quién?