La noche había caído completamente sobre Madrid. La ciudad respiraba a un ritmo más lento, con luces cálidas parpadeando en los balcones y las calles empedradas bañadas por un tenue resplandor dorado. En la Residencia, el ascensor se detuvo en el piso de Sofía con un sonido leve y apagado.
Naven salió de él con las llaves en la mano. No hizo ruido al caminar, como si su cuerpo supiera que debía comportarse con sigilo. Había terminado de revisar los documentos en la empresa más tarde de lo previ