La noche había caído en la Residencia Fort, Sofía se sentó a la mesa con un movimiento lento, como si su cuerpo pesara más de lo habitual. El comedor estaba silencioso, tan amplio y decorado como siempre, pero vacío de alma. Frente a ella, un plato cuidadosamente preparado reposaba intacto. No tenía hambre. En realidad, no sabía si era tristeza, culpa o simple confusión lo que le cerraba el estómago.
— El Señor no vendrá al comedor —dijo Inés, entrando con una bandeja entre las manos y el ros