El domingo se presentó con una quietud inusual. La Residencia Fort se hallaba sumida en un silencio que solo se rompía por el murmullo del viento acariciando los ventanales. La luz del amanecer se filtraba suavemente entre las cortinas del departamento de Sofía, colándose con timidez en el salón. Sobre el sofá, envuelta en una manta de lana clara, Sofía dormía profundamente, con Ares enroscado a sus pies.
Naven Fort no tenía planeado entrar aquel día. Pero al salir temprano para una reunión rep