Cuando la puerta se cerró tras él, el eco del cierre pareció sacudir todo su interior.
Sofía permaneció inmóvil.
El corazón le latía con tanta fuerza que por un segundo creyó que se le saldría del pecho. Se llevó ambas manos al pecho con suavidad, como si necesitara contenerlo. Como si ese gesto pudiera calmar la tormenta que Naven había dejado en ella.
Sus labios temblaron.
“No espero tu amor… no por ahora.”
La frase aún vibraba en su cabeza, como un eco imposible de callar.
¿Por ahora?
¿Y si