3 DÍAS DESPUÉS
La madrugada cayó una vez más sobre Madrid como un velo oscuro y húmedo. La Residencia Fort permanecía en silencio, pero en su interior, algo se estaba desmoronando.
Eran las 2:43 de la mañana cuando Naven abrió los ojos con un sobresalto. La respiración agitada, el rostro empapado en sudor, el cuerpo rígido como si hubiese sido azotado por una tormenta invisible. La habitación estaba en penumbra, solo iluminada por el tenue resplandor de la luna que se filtraba por la ventana.