Ante la muerte no podemos hacer nada, y mucho menos cuando nos llega de repente perdiendo a uno de nuestros seres queridos. Quedamos con el corazón roto, conmovidos, la mirada triste y sin ganas de vivir. Es la ley de la vida: nacer, crecer, formar una familia y morir, pero nunca es fácil aceptar la muerte de un amigo, hermano, tan joven. Mi corazón quedó destrozado cuando me enteré de la muerte de Daniel, mis lágrimas no paraban en ese momento. Pero fui fuerte y me presenté el día de su entier