Miro la mesa donde nos encontramos todos festejando el quinto cumpleaños de mis trillizos.
—Hola amor —me abraza Sebastián desde atrás, colocando su cabeza en mi cuello—, ¿estás bien? —me pregunta acariciando mi vientre. —Sí, estoy bien —le contesto con una sonrisa—, es solo que al ver la felicidad de todos me llena el corazón.
—Mira lo pervertida que sigue siendo mamá con papá, es olímpico, difícil de creer que después de tantos años se sigan amando así.
—Así es nuestro amor fuerte, María —me